SENAME
Una Oscura Verdad
Un sencillo juego de palabras con
las letras que forman su nombre. Más allá de las cifras, las normativas y su
espíritu esta institución se ha quedado al margen de manera cómplice e
indolente ante los abusos e infracciones que han sufrido miles de niños, niñas
y adolescentes en nuestro país.
Esto no es tan solo una
declaración de tipo amarillista, sino más bien el reforzar que las cifras
acusan estas negligencias. Según Unicef,
en Chile el 19.5% de los niños sufre
violencia psicológica, un 25.6% es víctima de violencia leve y un 25.9% de
violencia grave (UNICEF, 1994). Cómo podemos asumir y peor aún, normalizar que
en nuestro país se han creado instituciones para proteger a los más débiles,
entre ellos los niños y tengamos solo un 29% de niños y niñas que no reciben
violencia. Cómo conformaremos una sociedad “sana” si el 53,4% de estos niños que
han sufrido violencia grave consideran valido el castigo físico para la crianza
de sus hijos e hijas en el futuro.
Considerando estas cifras y peor aún,
que la violencia sea validada desde la infancia nos tendremos que hacer las
siguientes preguntas. ¿Cuál es el legado que estamos dejando? ¿Realmente
estamos cumpliendo con uno de los instintos más básicos entre las especies, el
instinto de proteger a los más vulnerables?
El Servicio Nacional de Menores
se crea a través del Decreto de Ley N°2465 en el año 1979 entrando en vigencia
al año siguiente. Pero hoy en pleno 2019 y a casi 40 años de su formación vemos
que las múltiples negligencias, fallas sistemáticas y vulneraciones están
carcomiendo no solo el espíritu de la institución, sino que también corrompen las
bases y los valores de parte del personal que debería velar por quienes son el
futuro de nuestra nación. Y al hablar del personal no sólo se refiere a los
cuidadores y cuidadoras sino a la institucionalidad, a las cabezas, a los
directores y autoridades llamados a determinar, crear y facilitar medios,
capacidades, recursos, legislaturas y toda herramienta que permita una labor de
excelencia e integrada en lo que refiere a niños y materias de familia.
Los objetivos generales del
SENAME indican lo siguiente; Contribuir a la prevención, promoción, protección y
restitución de los derechos de niñas, niños y adolescentes vulnerados en sus
derechos, así como a la responsabilización e inclusión social de jóvenes que
infringieron la ley, a través de una oferta programática en continuo
mejoramiento, la cual es entregada por un grupo humano comprometido,
constituido por SENAME y sus organismos colaboradores. (SENAME, 1979)
Refiriéndonos a su forma de
trabajo, contemplamos la pasividad y nula acción por parte de toda la plana directiva
y ejecutiva, pese a la innegable cantidad de antecedentes aportados por el
estudio realizado en cooperación del Poder Judicial y la Unicef.
SENAME, ¿ no es acaso su nombre el
que define de manera explícita que están al servicio de los menores?. Sera como
refiere la psicóloga Ana María Aron
en el Informe de la Comisión Especial Investigadora del Funcionamiento del
Servicio Nacional de Menores (SENAME); que “estamos
inmersos en un sistema patriarcal planteado desde el castigo ante la disyuntiva
que genera la obediencia versus respeto”. (Informe Sename,2014, p.76).
¿O será que aún no entendemos el
valor real de nuestras acciones y menos aún de las inacciones en estas
materias?
Resulta impresionante que aplicando una encuesta la cuál fue
denominada “Proyecto de levantamiento y unificación de información referente a
niños, niñas y adolescentes en el sistema residencial de Chile”, el cual se
realizó con el propósito de
elaborar un registro completo y actualizado de todos los niños,
niñas y adolescentes que se encuentran en residencias de protección, los
que a fines de 2012 sumaban 9.312 (UNICEF,2013).
Esta encuesta serviría
para conocer la realidad de habitabilidad y sus condiciones, los factores a
mejorar en los Centros de Internación y sus organismos asociados.
Lamentablemente los resultados arrojaron impresionantes cifras de abusos
graves, vulneración de derechos, vulneraciones físicas, abusos sexuales, entre
otros, por parte de quienes deberían protegerlos y de sus pares. Esto debería
sino golpearnos, al menos removernos y llevarnos a replantear las falencias que
están ocurriendo ante la pasiva, lamentable e indolente mirada como sociedad.
Nos referimos como sociedad a
aquellas autoridades que en este caso son quienes actúan como agentes
responsables de que el SENAME no disponga de recursos económicos más allá de un
40% a 50% en el caso de cada NNA para poder cubrir sus necesidades. Uno de los
principales actores es la Iglesia, quien lejos de su rol piadoso y
misericordioso, se muestra como un benefactor mas del sistema económico
nacional, quién ignora las situaciones que se generan en su interior y mantienen
un sistema que les permite seguir recibiendo miles de millones a través de sus
centros “colaboradores” del Estado, tales como “El Pequeño Cottolengo” y el
“Hogar San Luis”.
Y aunque no debería configurar un
delito o falta el recibir recursos, si lo es el conocer casos de abuso sexual y
de vulneración de derechos en donde escasea el recurso económico para los niños
y aun así se mantienen con una postura inerte o peor aún, considerando que la
reubicación del abusador solucionará el problema. Ante esta gran estrategia lo
único que se puede propiciar es un nuevo posible abuso. No se mal entienda esta
previa aseveración como una cacería eclesiástica, sino que se busca evidenciar
que solo son parte de un sistema corroído y corrompido, un sistema oxidado que
requiere rearmarse con urgencia extrema. Y si bien es cierto la Iglesia Católica
es una arista importante, no podemos desconocer la realidad en cuanto a que
SENAME basa su modelo en el castigo inquisitivo, torturador y ejemplificador, tal como menciona el Informe del
SENAME, que indica que ; uno de sus Centros ubicado en la “ciudad de Cauquenes, administrado
por el Consejo de Defensa del Niño (CODENI), donde los niños denunciaron casos
de violencia sexual, física y psicológica contra los niños por parte de
funcionarios y otros menores, así como reiterados castigos en aislamiento y
falta de comida”(Informe SENAME,2014,p186).
Un rol de sentencia que difiere en lo absoluto de la Convención Internacional de Derechos del Niño realizada por Unicef Chile en el año 1989 y aplicada a nivel internacional con gran éxito por países europeos como España e Italia.
Nuestro sistema se ha tornado
ciego y si no es así al menos es miope y sordo a las necesidades de
reestructuración, de integración y de humanidad dejando sin voz a miles de niños
que día a día sufren retardos en su desarrollo cognitivo, niños y niñas que
estadísticamente poseen 3 y 4 frazadas de deficiente calidad , lo cual convierte
al Centro en un lugar “idóneo” y esto a su vez les permite recibir una jugosa subvención,
pero que en la praxis no resuelve las necesidades de sus beneficiarios, muy por
el contrario mantiene a los niños en condiciones paupérrimas. Colchones que no
cumplen con los estándares mínimos, generando además dolencias físicas que solo
empeoran su condición, considerando que los tiempos de internación no son
breves. Y la lista de situaciones inhumanas aumenta, con Directores inertes, con
un sistema acogido a Tribunales de Justicia donde los NNA muchas veces son
separados de sus padres y madres al alero del abuso de la “inhabilidad
parental”.
Tal es el caso de Lissette Villa,
la
niña de 11 años cuyo deceso
en el centro Cread Galvarino de Estación Central, en abril del 2016, dio origen al denominado "caso Sename".(COOPERATIVA,
2017). Generando incoherencias tales como la internación de una niña, la
separación de su núcleo familiar y la sentencia de inhabilidad de los adultos
responsables ante su entorno, pero no así con su hermano de 6 años de edad,
incoherencias donde pese a los informes y realidades expuestas en diversas
encuestas aplicadas hace más de 6 y 7 años, toma real seriedad y solo conforman
comisiones donde se generan discusiones a puertas cerradas y de manera
abstraída se elaboran documentos sin un real sentido, a fin de que ante una
supuesta filtración cuenten con algún argumento legal que los exima de responsabilidad,
lo que demuestra una evidente deshumanización y carencia de moral, lo cual
debería ser la prioridad ante cada niño que está siendo vulnerado. Se hace
latente la creación de documentos vacíos, extensos y largas comisiones que no
tienen un objetivo concreto.
Necesitamos una institución
sólida, orientada a la integración y la reinserción, una institución que proteja
y acoja a quienes están desvalidos, que deje de actuar como una “mini cárcel”
donde en muchos casos los violentados se convierten en agresores, donde los
inocentes caen por el abuso de organizaciones que ven en ellos beneficios no
solo monetarios, sino que también sexuales, de adopción e incluso de tráfico de
órganos, así lo asevera el Diputado René Saffirio "si no sabemos dónde están
sepultados sus cuerpos tampoco podemos pedir que se exhumen sus cuerpos porque podemos,
razonablemente, pensar que esos cuerpos también fueron materia de tráfico de
órganos que no ha podido acreditarse por la opacidad con
que se ha actuado en esta investigación"(T13,2019). De
organizaciones internacionales de pedofilia como se acusa por parte de padres y
niños que ya han sido abusados.
Frente a esto podemos elegir
entre 2 líneas de acción: Movemos la cabeza y rasgamos vestiduras quejándonos,
pero ignorando la situación, o bien como profesionales del ámbito social,
luchamos por transgredir estos paradigmas que nos mantiene como espectadores de
una cruel realidad.
Porque no basta con comentar en
redes sociales para generar cambios, necesitamos más, mucho más.
Lamentablemente contamos con políticas públicas carentes de prevención y de visión
social, las cuales han sido elaboradas como estadísticas por quienes solo saben
de números y peor aún por quienes manejan la legalidad, pero nunca el derecho.


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